martes, 20 de junio de 2017

La muerte en tiempo de los incas

La muerte para los incas era sencillamente el pasaje de esta a la otra vida. Por eso nadie se atormentaba frente a ella, porque estaban seguros de que sus descendientes y su ayllu cuidarían de su cadáver momificado, o simplemente disecado, llevándole comidas, bebidas y ropajes durante todos los años del futuro. En dicho aspecto lo único que le acongojaba era que pudieran ser quemados o pulverizados, porque eso si significaba su desaparición total.

No tenían la menor idea del paraíso celestial, tampoco del infierno ni mucho menos del purgatorio o la existencia de diablos al estilo de las religiones del viejo mundo. Tampoco pensaban en la resurrección de los muertos. Sin embargo creían en otras cosas: que el camaquem o fuerza vital muere o desaparece cuando al cuerpo vivo o al cadáver se lo quemaba o desintegraba. La etnia Huaro, al sur del Cusco, concebía la reencarnación o transmigración del camaquen de un sujeto que acababa de morir a otro que recién nacía.
En el sur, una vez fallecido, al cuerpo yerto se le bañaba para purificarlo; luego se le sobaba con sebo y maíz blanco molido, mullu y otros ingredientes. Acto seguido, se le vestía. Los parientes lloraban y después lo llevaban al Machay (cueva) para colocarlo junto a otros difuntos del ayllu. El camaquem no se retiraba del lado de los restos mortales sino cinco días más tarde de finado; fecha en la que los parientes iban al río o arroyo más próximo a lavar los atuendos y otras prendas dejadas por el muerto, una vez limpios, se los guardaba para seguir vistiendo a la momia. Estaban convencidos que ulteriormente de exhalar el último suspiro, esa fuerza vital de su propio ser seguía con vida, y creían igualmente que en el cadáver seguían latentes muchos atributos del ser vivo: sed, hambre, calor, frío, etc. De ahí porque para el jatunruna era importante la conservación del cadáver, lo que resultaba fácil en costa y Andes dada las condiciones ecológicas, que coadyuvaban a su disecación y momificación.


Consecuentemente, para que no padecieran de hambre ni sed colocaban adyacentes al muerto vasijas de alimentos y bebidas, cosas que se le continuaba llevando cada cierto tiempo, en fechas conocidas. Tal hecho explica la necesidad de dejar hijos y descendientes para asegurar el abastecimiento permanente al fallecido. 
Tanta era la obsesión o temor que con el tiempo el cuerpo del muerto quedara abandonado por alguna razón, se colocaba a todos los cadáveres en una sola tumba llamada machay, para que ese lugar recibieran el culto y cuidados por la comunidad (ayllu), quienes, por respeto y tradición, les llevaban coca y les mudaban de vestimenta. Era un desvelo el que sus cadáveres no desaparecieran, porque su conservación significaba seguir viviendo. Fue, pues, la idea de la supervivencia después de la muerte lo que condujo a la preservación de los yertos despojos. Entre los jatunrunas, el muerto era envuelto en telas, dejándole el rostro libre; pero entre los sapaincas se les colocaba una máscara de oro delgado, que de seguro reproduciría los rasgos fisonómicos del difunto. 

Con respecto a la momificación de inca, el resguardo de su momia en sus aposentos solariegos, rodeada de esposas y yanas vivos, afianzando su continuidad. Para el runa andino no había nada más angustioso que la desaparición de los cuerpos de sus antepasados, o pensar de que el suyo propio iba a correr ese triste destino. Tal vez por esa razón, Atawallpa soportó que lo bautizaran y prefirió morir por la del garrote en vez de ser llevado a la hoguera y así evitar que su cuerpo desaparezca. 

Así como los cadáveres recibían cuidados especiales, se los disponía de tal forma para que se secaran y pudieran conservarse centenares de años. En los Andes, los pobladores de habla quechua por lo común no acostumbraban a enterrarlos en el subsuelo. Eran arropados y colocados en posición fetal, (codos entre las rodillas y las manos sujetando el mentón). Estas momias eran llevadas a cuevas naturales o aftificiales llamadas machais, ubicadas en cañones y laderas de los cerros. Rodeándolos con objetos familiares: vajillas, herramientas, comidas, bebidas. Quedaban pues, prácticamente al aire libre, a la vista de todos. Hasta allí acudían sus parientes colaterales y directos, llevándoles mates de alimentos, derramando chicha y poniendo hojas de coca en las bocas de las momias. También a sacrificarles cuyes y llamas. En la costa, en camio, las momias eran sepultadas bajo tierra y arena en posición de cúbito dorsal o fetal; pero dispuestos en tal forma que la cámara funeraria, holgada, no aplastara al muerto, para evitar que padeciera con el peso de tanto material encima. Se acondicionaba un tubo de caña para conectar la boca del cadáver con la superficie exterior para verterle chicha ritual en las fechas que tenían acostumbradas. 



Los pueblos aymaras conservaban a sus muertos ilustres sobre el suelo, alrededor de los cuales construían unos mausoleos de piedra y/o tierra dura que recibían la denominación de chullpas y pucullos. En a cultura Chachapoyas, a los nobles se les enterraba con pintorescas urnas funerarias hechas de arcilla, pero con apariencia de cuerpos humanos, incluyendo una cabeza. Urnas a las cuales colocaban en altas cuevas u oquedades, cuyas vías de acceso las destruían totalmente, para eludir su profanación. Enterrar a un noble bajo el suelo entre los chachas era signo de desprecio. 
El muerto de la costa era enterrado conservando los mismos gestos con que había fallecido. Por lo demás las tumbas constituían lugares sagrados; y las momias de los antepasados seres sacralizados, acudiendo a ellas para solicitarles buenas cosechas y aguas, o la detención de éstas cuando se excedían.






Como se advierte, existían dos categorías principales de culto: el divino y funerario. Con respecto a lo funerario, las momias debían ser cuidadas y conservarlas, visitarlos por lo menos una vez al año para cambiarles de vestimenta y sacarlos para llevarlos cargados, las espaldas o sobre una parihuela, procesionalmente rumbo a la comunidad para danzar con el cadáver. Pensaban que con aquel rito contribuía a dar bienestar y eternidad al ayllu. Un oficiante exprofesamente encargado hacía recordar las fechas y el compromiso intangible de llevarles alimetos y bebida: un deber ineludible de los hijos y de los descendientes. La preservación y culto de las momias de los runas o gente común no demandaba tanto servicio y gasto como la de los sapaincas y grandes curacas.

El esmero y precaución que ponían en los cadáveres es prueba en que creían en la vida sobrenatural. Se imaginaban que los muertos seguían sintiendo casi todos los problemas y necesidades que los seres vivos. Además daban por hecho de que sus espíritus o camascas, por ser tan numerosas las defunciones a lo largo de la vida y trayectoria de los ayllus y etnias, ya no tenían como caber en el mundo de los muertos, por falta de tierras y de viviendas para todos. Suponían también que los camascas se agrupaban en ayllus, al igual que los jatunrunas vivos. 

En los Andes, el espacio o recinto de los camascas estaba aquí mismo, en la caypacha; unos paraban en campos floridos y otros en cumbres nevadas, a los cuales, para llegar a los citados camascas tenían que caminar por trochas y puentes llenos de dificultades y obstáculos; dicha vía, además, era oscura, pudiendo vencerla solo gracias a un perro-guía, de preferencia negro, animalito que tenía la facultad de ver a los camascas en la noche. Como resultado de tal creencia mataban un perro durante los funerales. Los que tenían ganado sacrificaban una llama, para que el "alma" del citado auquénido ayudara a transportar la carga del muerto.
En la costa, estaban persuadidos que las almas iban a descansar en las islas ubicadas frente a sus playas, en la mamacocha o mar. 

En el Chinchaysuyu estaban seguros de que las almas se alejaban de los cadáveres a los cinco días del fallecimiento. Y después, una vez por año, en el mes que conmemoraban a sus difuntos (noviembre), visitaban las casas de sus parientes vivos tomando la forma de moscones que, durante el vuelo, emitían un suave y característico zumbido. EL hecho explica por qué no mataban a dichos animalitos.
Si el culto de los ancestros determinó la conservación del cadáver, lógicamente que su preservación generó la técnica de la momificación. A veces extraían las visceras y el cerebro. Lo restante les resultaba fácil merced a las condiciones ecológicas de los Andes y la Costa, en la primera por el gélido frío de las mesetas, y en la segunda por la sequedad de los arenales salitrosos. Las vísceras acostumbraban a enterrarlas en los sitios donde habían nacido, de preferencia en el punto donde sus madres los arrojaron al mundo el día del parto. 

Creían también en el Sapainca muerto, podía sobrevivir en una estatua, a la que se le reputaba su segundo cuerpo. La mencionada efigie recibía el nombre de guaoqui o huaoqui, a la que se adicionaba el nombre del soberano a quien simbolizaba y encarnaba, para ellos la estatua tenía vida. El culto que practicaba cada panaca en torno a ellas, garantizaba su supervivencia.

Fuente: Los Incas de Waldemar Espinoza

la religión azteca

los aztecas fueron politeístas, es decir adoraban a muchos dioses.Las deidades fueron concebidas como entidades terroríficas, que debían ser alimentadas o satisfechas con sangre humana. Los sacrificios humanos fueron, de esta manera muy generalizado en la cultura azteca, practicados a través de rituales macabros. Un sacerdote se encargaba de clavar el cuchillo de obsidiana en el pecho del sacrificado y extraerle el corazón, y otro lo decapitaba; mientras tanto una muchedumbre observaba y festejaba alborotada. Muchas guerra emprendidas por los aztecas fueron motivadas por el deseo de conseguir víctimas. 
Entre sus principales divinidades figuran las siguientes:
a) Huitzilopochtli: Identificado con el Sol y considerado el dios de la guerra, cuyo culto ofrecía masivos sacrificios humanos.
b) Quetzalcóatl: Representado como una serpiente emplumada, dios de la sabiduría y de la civilización, benefactor de los hombres, a quienes enseñó la agricultura.
c) Coatlicué: Temida diosa de la tierra, la lluvia y el rayo, que influía en la germinación de las plantas y en el gobierno de las aguas, las sequías e inundaciones. 

Entre los templos aztecas destacó el Templo Mayor llamado "El Gran Teocalli", situado en el centro de la ciudad de Tenochtitlán.

La religión azteca fue una de las más complejas de América, la historia y el tiempo tenían un recorrido cíclico que dependía de la lucha entre dos grandes dioses:  Quetzalcóatl (dios bueno) y Texcatlipoca (dios malo). Antes de los aztecas habían existido cuatro soles. El primer sol o primer universo había terminado cuando el dios de la noche se comió a los gigantes. El segundo cuando el dios bondadoso convirtió a los hombres en monos. El tercer sol con un diluvio de fuego enviado por otro dios. El cuarto sol con el gran diluvio de agua. Los aztecas estaban viviendo en el quinto sol. Al finalizar cada sol, ocurrían grandes desastres; el sol era un personaje divino: algunas veces era llamado el príncipe de las flores, pero otras, como en tiempo de la primavera, se le conocía como el desollado.

Fuente: Socio mundo de Edit. Bruño Historia 2 de Pablo Macera

martes, 13 de junio de 2017

Organización política de los aztecas

Cada ciudad azteca se encontraba gobernada por una autoridad que recibía el nombre de tlatoani. El más importante era el tlatoani de Tenochtitlán, considerada como la máxima autoridad, es decir, el "Huey Tlatoani" o gran orador. Era a la vez el supremo jefe militar, el más importante juez y el representante terrenal de los dioses (teocracia). Era asesorado por un consejo supremo, formado por cuatro integrantes, que entre otras facultades, nombraba al sucesor del monarca. En el escalafón político seguían los funcionarios y los jueces de las diversas ciudades (la mayoría de las veces, los jueces castigaban los delitos con la pena de muerte), los sacerdotes y militares.

El gobierno azteca fue una monarquía con ciertas particularidades por ser consecuencia de una confederación de tres estados. Con el transcurrir del tiempo, por las guerras de expansión y alianzas matrimoniales de los reyes que conforman la triple alianza, el poder se estructuró de la siguiente manera:
a) El Tlacatecuhtli
Se formó la clase dirigente o tecuhtli conformado por representantes de cada tribu de la confederación, cuya máxima autoridad fue Tlacatecuhtli un especie de rey, que acumulaba poder civil, militar, religioso y judicial. 
Los sometidos a las castas expoliadoras importantes se mantenían fieles a las tradicionales autoridades, las cuales debían permanecer parte del año en Texcoco y pagar determinados tributos fijados en fuerza de trabajo o en especies a entregar en intervalos bajo la supervisión de un funcionario llamado calpixqui. 
b) El Consejo Supremo
Estaban conformados por los miembros del Callpulli Real, este consejo a la muerte del máximo gobernante, designaba al sucesor en base a sus méritos y capacidades; además tenía funciones legislativas. 
c) El Cihuacóatl
Era el representante del Tlacatecuhtli en el campo militar, era el segundo o adjunto del rey. 
d) El Petlacalcatl
Era el tesorero o mayordomo mayor que se encargaba de guardar los tributos en los almacenes de la ciudad. También recaudaba los tributos. Las ciudades, estaban divididas en parcialidades que tenían dirigentes propios, estas parcialidades se llamaban Callpulli. 

Fuentes: Socio Mundo, Edit Bruño; Historia de América y del Mundo, Andrés Alfaro L.

lunes, 12 de junio de 2017

Organización económica de los aztecas

los aztecas basaron su economía en la agricultura, empleando varias técnicas derivadas de sus condicionamientos geográficos. Aplicaron el sistema de rozas, que consiste en extraer la maleza o hierba mala del terreno, a través de la quema. Pero la técnica que más los identifica fue la de las chinampas, que son islas artificiales en las orillas de los lagos, especie de huertos flotantes hechos con grandes cantidades de barro, que permitieron ganar tierras fértiles en lugares de excesiva humedad. También emplearon sistemas de regadío en las zonas más secas, pero alcanzando un lugar muy técnico muy regular. 
Los cultivos más importantes fueron los de maíz (principal alimento), frejol, pimiento, cacao, tomate, algodón, plátano y maguey (de esta planta extraían el pulpe, sustancia con la que preparaban una especie de bebida muy sabrosa). En algún momento la agricultura les permitió alimentar a más de 5 millones de personas. 
En cuanto al comercio, fue también una actividad muy importante para los aztecas. Sus mercaderes llamados pochtecas, se hicieron famosos llevando productos a diferentes pueblos conquistados e intercambiándolos por oro, plata, cobre, perlas, etc. En el comercio azteca era común las ferias para el intercambio de productos. 
Domesticaron al pavo, el perro y el pato, de las abejas aprovecharon su miel. 





Fuentes: Socio mundo, Edit. Bruño; Historia de América y del mundo, Andrés Alfaro L. 

Ubicación geográfica de la cultura azteca

los aztecas se desarrollaron en la meseta de Anáhuac o valle central de México, entre las cordilleras Sierra Madre oriental y Sierra Madre occidental. Cuando se expandieron, llegaron hasta el Istmo de Tehuantepec, al sur de México. 
Los aztecas decían ser descendientes de los toltecas; quizás lo hacían por el gran prestigio que los toltecas tenían entre todos los pueblos mexicanos. Los aztecas cuyo nombre era los Mexica y su lengua era el náhuatl (nahua), se hicieron llamar así en homenaje a una ciudad llamada Aztlán, de donde creían haber salido. 
Llegaron al valle de México a principios del siglo XII y a mediados del siglo XIV un jefe suyo llamado Tenoch fundó Tenochtitlán. En sus comienzos los aztecas estuvieron sometidos a otro Estado en calidad de guerreros mercenarios. Pero luego fueron imponiendo su fuerza militar sobre las ciudades y señoríos vecinos. 


Fuente: Ciencias Sociales, Edit. Bruño; Historia de América y del Mundo, Andrés Alfaro L.

domingo, 5 de marzo de 2017

El curaca

Era el jefe étnico o jefe de un ayllu; la administración del imperio se realizó a través de los curacas. La elección de los curacas no la hizo el inca, eran seleccionados dentro de sus propios sectores étnicos, por medio de rituales de iniciación que los transformaban en personas semisagradas. Por este motivo, los curacas eran transportados en andas. 



Las funciones que desempeñaron los curacas fueron:

  • Eran los encargados de administrar los bienes comunales del ayllu.
  • Debían organizar las variadas formas de mita andina.
  • Velaban porque los miembros de un ayllu tuvieran los bienes esenciales para el consumo diario.
  • Eran los mediadores en los conflictos que podían originarse entre los miembros de un grupo étnico.
  • Eran también intermediarios entre el imperio y el ayllu.
  • Controlaban los depósitos de producción agrícola y vigilaban la conservación de los bienes.
  • Presidian las ceremonias religiosas y todos los ritos señalados por el calendario anual.
Fuente: Historia del Perú 2 por Rocío Chirinos y María Luisa Palacios


sábado, 11 de febrero de 2017

Familia y parentesco en tiempos de los incas

Un ayllu integrado por agricultores, o por ganaderos, sin usufructuar tierras y pastos no hubiera podido funcionar. Sin embargo el ayllu significaba, por igual, precisos lazos de parentesco; y no un mero parentesco simbólico o mítico, sino real y efectivo, enriquecido y vitalizado por los matrimonios ininterrumpidos entre los jóvenes que componían las familias nucleares-simples y nucleares-compuestas que configuraban un ayllu. De ahí que la terminología del parentesco estaba intensamente desarrollada, como lo comprueban los vocabularios y diccionarios quechuas y aymaras de los siglos XVI y XVII:

Parientes lejanos...........................................................caru ayllu
Tatarabuelo (paterno o materno)........................................Machuypa machun
Tatarabuela (paterno o materno)........................................Payaypa payan
Bisabuelo (paterno o materno)...........................................Yayapa machun
Bisabuela (paterno o materno)...........................................Mamapa payan
Abuelo (paterno o materno)...............................................Machu
Abuela (paterno o materno)...............................................Payu
Padre..............................................................................Yaya
Hijo del padre..................................................................Churi
Hija del padre..................................................................Ususi
Nieto, nieta......................................................................Hahua
Bisnieto, bisnieta..............................................................Huillca
Tataranieto, tataranieta.....................................................Chupuyu
Madre.............................................................................Mama
Hijo o hija de la madre..................................................... Huahua
Nieto, nieta.....................................................................Hahua
Bisnieto, bisnieta............................................................ Huillca
Tataranieto....................................................................Chupuyu
Tío (hermano del padre).................................................Yaya
Tía (hermana del padre).................................................Caca
Tía (hermana de la madre).............................................Mama
Hermano del hombre.....................................................Huauque
Hermano de la mujer.....................................................Tura
Hermana del hombre.....................................................Pana
Hermana de la mujer....................................................Ñaña
Sobrino del hombre......................................................Concha
Sobrino de la mujer......................................................Mulla
Primo 1° del hombre....................................................Sispa huauqque
Prima 1° del hombre....................................................Sispa pana
Primo 2° del hombre....................................................Ccaylla huauqque
Prima 2° del hombre....................................................Ccaylla pana
Primo 3° del hombre...................................................Caru huauqque
Prima 3° del hombre...................................................Caru pana
Primo 1° de la mujer...................................................Sispa tura
Prima 1° de la mujer...................................................Sispa ñaña
Primo 2° de la mujer...................................................Ccaylla tura
Prima 2° de la mujer...................................................Ccaylla ñaña
Primo 3° de la mujer...................................................Caru tura
Prima 3° de la mujer...................................................Caru ñaña

Los varones de habla runasimi (quechua) empleaban una palabra especial para designar a sus parientes femeninos y viceversa. 
Los grados de consanguinidad era numeroso, otra caracterísitca es que entre las voces para señalar al padre y tío paterno no existían diferencias, siempre y cuando fueran del mismo género gramatical. Para los tíos maternos era diferente, pero lo interesante es que los tíos estaban considerados igualmente como padres. Lo que advierte que cada individuo tenía muchos padres y madres. Los primos maternos y paternos se calificaban como hermanos entre sí. Por eso que el ayllu formaba una gran parentela, es decir, una familia extensa, que hacía del conjunto un grupo muy unido. 



El por qué de usar tantos vocablos diferentes para designar los grados de parentesco según el sexo de las personas, se debía al sistema de la descendencia paralela. Y el por qué de la existencia de la descendencia paralela se hallaba en la creencia supraestructural de que los hijos varones pertenecían al padre y las hijas mujeres a la madre. En lo que respecta a la filiación de la prole imperaba a nivel andino la descendencia paralela. En tal sentido los hijos hombres pertenecían teóricamente al padre y las hijas mujeres a la madre, la cual traía varias implicancias:
1° los hombres heredaban los bienes muebles del progenitor; y las mujeres los de su progenitora.
2° Los varones cuidaban la momia de su antecesor; y las mujeres la de su antecesora. 
3° Los hijos se hacían responsables de los compromisos dejados por sus padres fallecidos, y no la de sus madres; ocurriendo lo contrario con las hijas. Decimos teóricamente porque, en la práctica, las progenitoras jamás dejaban de sentirse madres del hijo, y lo mismo ocurría con los padres respecto a sus hijas.

La descendencia paralela tenía tantísimo aliento y eficacia que, en 1575, un doctrinero de indígenas planteó su radicalización por considerarla perniciosa dada la desigualdad en que quedaban los hijos e hijas de un mismo matrimonio. Precisamente, por lo arraigado que estaba, el Tercer Consilio Limense de 1582 la reconoció, legislándola tácitamente en uno de sus artículos, con el agregado de que a partir de entonces los hijos llevaran el apellido del padre y las hijas de la madre. Esta costumbre tuvo tanto peso que persistió hasta las primeras décadas del siglo XIX y en la sierra ecuatoriana hasta hace poco. El listado que se ha expuesto es en realidad, el léxico que usaban en la terminología de la descendencia paralela. 
Desde hace décadas, ciertos autores vienen propugnando la teoría de que, por lo menos en la etnia inca, debió imperar la filiación matrilineal. El iniciador y portaestandarte de esta elucubración fue R. Latchan, y los argumentos que esgrimió en su defensa fueron:
1° Que los linajes reales tenían por nombre panaca, palabra que procedería de pana, es decir, hermana.
2° Que el sapainca se casaba con su hermana para legalizar su gobierno. Pero se trata tan solo de hipótesis que aún no se las ha podido comprobar.

Para las familias unidas mediante el pantanaco o tincunacuspa (servinacuy) o por medio del matrimonio legal, fue una ansia latente el de tener por lo menos dos hijos, tanto porque urgían un complemento de ayuda para el trabajo hogareño inmediato, pero mucho más porque necesitaban quienes velasen por ellos cuando sean ancianos (laboreo de sus chacras) y para que hubiese quienes cuidasen del culto de sus cadáveres o momias generación tras generación y asimismo para que no desaparezca la continuidad del ayllu. Era un deseo indeclinable el de procrear hijos. He ahí por qué criaban con gusto a sus retoños; y en caso de la imposibilidad de engendrarlos adoptaban niños ajenos, de preferencia huérfanos, ya que era bastante difícil que los padres con vida se desprendieran de los suyos. Pese el anhelo de poseer hijos y al hecho de gozar todo un futuro asegurado, por cuando la integridad tenían derechos a tierras y aynis, lo cierto es que los padrones del siglo XVI no se percibe la existencia de jatunrunas con familias numerosas. Parece que la explosión demográfica no fue posible debido a una intensa mortalidad infantil.

Hubo varios modelos de familia:
1° Nuclear-simple, integrada por los padres y sus hijos solteros.
2° Nuclear-compuesta, que no era otra cosa que una familia nuclear-simple a la que se añadían algunas otras personas, como niños adoptados, o uno de los abuelos, o un huérfano o cualquier otro sujeto allegado al hogar. Pero en cualquiera de los casos conformaba una unidad simple de producción y consumo; un grupo doméstico donde ya operaba la división del trabajo según el sexo y la edad. El hombre se dedicaba a las tareas consideradas pesadas y duras; labranza, en cuanto a las mujeres a las artes caceras: culinaria, crianza de niños. Pero habían situaciones en que podían intervenir los unos y los otros, como sucedía en el pastoreo, ollería y textilería.

Dentro de los ayllus a la gente se la dividía de conformidad a sus edades hasta en 10 grupos, determinados de acuerdo a la capacidad física para el trabajo. Pero dichas categorías no se las contaba a partir de los recién nacidos a los más ancianos, ni viceversa; sino arrancando de los jóvenes que bordeaban los 25 años de edad. La segunda categoría comprendía a los adultos hasta aproximadamente los 80 años de edad. Y así se iba bajando hasta llegar a los bebés. En cuarto lugar se tomaba en cuenta a los enfermos e inválidos. Sin embargo, los 10 grupos de edad pueden ser resumidos en tres: generaciones en que generalmente se divide la vida de un hombre y de una mujer, respetando su sistema de parentesco. 

Fuente: Los Incas de Waldemar Espinoza

viernes, 3 de febrero de 2017

Vestidos y adornos de los incas

En lo que hace a la vestimenta, en los varones se reducía a un manto (yacolla) y un unco o camiseta que les llegaba hasta las rodillas bajándoles desde el cuello. En las mujeres dicha túnica (anaco) les descendía hasta los tobillos y se la sujetaban con cinturones bastante artístico. La segunda prenda peculiar de estas era la lliclla (manto). Ambos sexos usaban aros y ajorcas en el antebrazo, sortijas en los dedos. Las orejas las adornaban con pendientes; portaban pectorales, collares, huinchas. Muchos de sus adornos constituían amuletos. 


Los sacerdotes del Sol vestían con telas blancas, confeccionadas con melena de vicuña, alcanzándoles desde el cuello a los tobillos: modelo y color que venían usando desde los gloriosos tiempos de Taipicala. 
Sus pies eran protegidos con sandalias de cuero, o mocasines de piel y lanas, sujetándolas con correas atadas al empeine o mediante un filete fijado entre los dedos gordo y segundo del pie. 



El vestido tenía el mismo modelo y corte desde el Sapa Inca al más insignificante uro y chango. Todos gastaban el unco, la yacolla, el anaco y la llicta. La moda en el vestir y de los objetos de ornato personal estaba estancada desde hacía milenios. Pero había diversidad de tocados tanto en forma como en colorido; pues cada etnia poseía y exhibía el suyo propio, dando al Tawantinsuyu un espectáculo abundante, divertido e interesante. El tocado de los costeños, al mismo tiempo que les diferenciaba étnicamente, los protegía del calor y radiación solar. En el traje, según la clase social, lo que variaba es la calidad de la fibra y los decorados. 

El cabello corto de los hombres de la etnia inca influía en la higiene de sus cabezas. Como carecían de vello en el rostro, los ralos del pelo que podían salirles los extirpaban con pinzas. Un servicio regular de hombres expertos en el manejo de cuchillos de obsidiana tenían por misión cortarles y atusarles el cabello a los llamados hijos del Sol. 

Fuente: Los Incas de Waldemar Espinoza

 

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